Martes. 25.02.2020
El tiempo
Navarra Digital

LA MATERNIDAD

Lunes crítico.
Mujer embarazada.
Mujer embarazada.

LA MATERNIDAD

Hace unos lunes,  escribí sobre los timos, si mal no recuerdo, olvidé citar uno muy importante: la maternidad.

Cuando ves, por primera vez, esa segunda rayita rosada se te mezclan un sinfín de sensaciones: Ilusión, nervios, incredulidad, pánico, arrepentimiento momentáneo que es sustituido por una felicidad inmensa en pocos segundos -creo que es un acto de autodefensa, el convencimiento de que es una noticia extraordinaria-, “esto no es el fin”, piensas, “es el principio..”: el principio de una aventura, de una nueva vida (literal), de una tarea que nunca te enseñaron, una marcianada: ESTÁS EMBARAZADA. Y estás sola, por más que te bendigan, el ser está dentro de tí y tú ya eres responsable de TODO lo que vaya a ocurrirle, sientes MIEDO.

Si en los nueve meses fantásticos que dura el embarazo, la vida te sonríe, conectas con la criatura, empiezas a amarla sin que aún te la hayan presentado; le cantas y le pones música que crees que le hará bien (yo le ponía Barry White a la primera y Francisco Céspedes a la segunda, ahora me siento responsable de lo que este acto sin intención ha causado en sus caracteres); lloras y ríes de un modo anormal, las hormonas tienen eso: te vuelven un poco loca; imaginas su carita, si será niña o niño, su nueva habitación en colores crema (medio embarazo, como poco, te entretienes en esas estupideces); si heredará tu pedazo nariz, o esos ojos preciosos de tu madre; no piensas mucho más, estás en un estado desconocido, nuevo, emocionante y acojonante. 

Cuando esa tripa enorme ya anuncia la inmediatez del temido parto, desconectas, como si eso no fuera contigo (otro modo de evadir el pánico a tan salvaje acto). Entonces, -esto me pasó a mí- estás viendo en la tele una peli serie B “dos tontos muy tontos” -lo juro- y rompes aguas, no de un modo normal, un tsunami cae entre tus piernas y te doblas de un dolor desconocido. En el recibidor, ya tienes el neceser preparado, el bonito camisón que te ha comprado tu mamá y unas mudas limpias (a estrenar). Bajas las escaleras doblada (no tengo ascensor), el papá va emocionado y tú sin control, muerta de miedo. Llegas al hospital y aún el otro te mete prisa, no puedes caminar. “Mala suerte” te dice la matrona.. “parto seco”. Piensas que va a ser corto, porque ese dolor (qué aún no han inventado el término para describirlo) te hace vomitar y cagar -literalmente-, te hacen un tacto (sin tacto) y te dicen que no has dilatado nada. En ese instante,  y en las restantes horas no te importa la criatura, no te importa nada y odias a ese padre que ronca sonoramente a tu lado (sí, están a tu lado físicamente, deberían de conectarnos con un sensor, a ellos en los testículos, y en cada contracción, pasarles esa corriente dolorosa, ahí justamente, parir juntos y solidarizados). Pasadas siete horas, en que el tiempo pierde el sentido, a la vez que tú pierdes el tuyo, te inyectan un valium (para relajarte) y te bajan al paritorio, aparece un tipo y te pone la epidural, que duele, pero no tanto.... te enamoras irremediablemente de él -el anestesista- , único que te ha hecho un favor en las 8 últimas horas y en tanto tiempo.. y empujas cuando te gritan: ¡¡¡¡¡EMPUJA!!!!!! Pierdes el conocimiento con una maniobra de Kristeller (leo después que está prohibida en casi todos los países desarrollados) que consiste en apretar brutalmente y de modo enérgico con los dos puños sobre el fondo del útero, porque hay sufrimiento fetal, y el bebé tiene que salir YA!. Abres los ojos y no sabes dónde estás, delante tuya una bebé sanguinolenta y una inmensa felicidad que te invade, no sabes por qué, porque nadie te lo contó y lloras, aún sin saber lo que te espera a partir de ese momento.

No os cambio por nada del mundo, a pesar de todos los pesares hijas. Siempre vuestra, mamá. 

“¡¡¡Mamaaaaaá !!!, ¡¡¡Mamaaaaá!!!!!, ¡¡¡Mamaaaaá!!!!!!!!! Hay que joderse, que ya voyyyyyy”.

Comentarios