miércoles. 08.07.2020
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POSTUREO MUSICAL

Hombre escuchando música con auriculares.
IMAGEN DE ARCHIVO
Hombre escuchando música con auriculares. IMAGEN DE ARCHIVO
POSTUREO MUSICAL

¿Eres lo que escuchas? ¿O escuchas lo que eres?

¿Por qué nos gusta la música que nos gusta? ¿Por qué nos la tomamos como algo personal?

El gusto no es algo objetivo ni algo que aparentemente se pueda medir ni analizar sus causas. Pero sí existen ciertos parámetros que determinan por qué nos gusta algo.

Los gustos, según el libro La distinción. Criterio y bases sociales del gusto (1979), son una serie de asociaciones simbólicas que usamos para distinguirnos de alguien a quien consideramos inferior o para aspirar al estatus que creemos merecer. Es una manera de diferenciarnos de los demás.

muchas veces se utiliza el gusto como mecanismo para destacarse o desmarcarse de otras personas, otras tendencias, otras creencias. Muchas veces, por eso, no nos sentimos libres de “sacar del armario” a nuestros gustos; ¿por qué será tan difícil confesar en el instituto que te gusta Beethoven, la Pantoja o Mocedades? Si te fijas, todos te piden que elijas. Tienes que elegir. De los Beatles o de los Rolling Stones, de Mozart o de Beethoven, de Blur o de Oasis.

Y entonces nos vemos “obligados” a ser de unos o de otros, como si tuviéramos opciones limitadas. Música para niños y niñas, música para adolescentes, música para mayores, música para gente de derechas, para gente de izquierdas, música para determinadas comunidades… Nos etiquetamos hasta en lo más universal.

Y otras veces, aunque sí saquemos del armario a nuestro gusto musical, necesitamos reafirmarnos en que nuestro gusto es mejor, más pulido o que tenga esa estúpida aceptación social. Decimos estupideces como “¿En serio escuchas eso?”  Y para gustos, colores. Digo… estilos musicales.

La música tiene el poder de hacer vibrar. Si te olvidas de lo demás, de modas, de casillas o de convenciones, esa vibración es algo muy fácil de detectar, porque llega directa. Seguir la corriente no te llevará a nada bueno, a no ser que pretendas ser postureísta musical, claro.

¿Y qué es postureo musical?, dices mientras clavas en mi pupila tu pupila azul. ¿Qué es postureo musical? ¿Y tú me lo preguntas? Postureo musical… eres tú.

Bromas aparte (o no), postureo musical es esa filosofía por la cual una persona o grupo de personas se muestra muy orgulloso de su gusto musical y lo prodiga con una serie de actos asociados, dirigidos a que todo el mundo sea conocedor de su tendencia musical. También puede ser una actitud de necesidad de incluirse en determinado grupo sociológico a pesar de no tener el gusto musical concreto del que se quiere hacer gala.

Señoras y señores que se engalanan para ir a los conciertos de música clásica de su ciudad, que van con mucha seriedad hablando de que tal o cual director de orquesta o solista es “buenísimo, una delicia”, pero que se duermen en la butaca para el tercer compás. Postureo musical.

Estudiantes de conservatorio que van a ver un concierto en el que se interpreta una obra que ellos están estudiando en ese momento, y que tocan en su piano imaginario (o violín imaginario, es un poner) mientras toca el solista, o que dan cabezazos como para partirse la crisma en señal de que conocen cada cambio de tempo. Postureo musical.

Jóvenes que van a festivales de música de verano y que están más pendientes de su look y de publicarlo en las redes sociales que de la música o grupos que hay. Postureo musical.

Personas que muy serias aseguran que ellas no saben cuál es la música de este verano, por favor, “yo no escucho eso”, como si no vivieran en este planeta y no se la hubieran enchufado en el súper, en el anuncio de la radio, y en las fiestas de su pueblo como a todo hijo de vecino (y que jamás reconocerán que la bailaron e incluso tararearon tras la tercera copa en la última cena de empresa). Postureo musical.

Gente de mediana edad que se cierra en banda a cualquier novedad musical porque eso ya no es música. “Música era lo de nuestros tiempos, lo de ahora es ruido”. Postureo musical.

Personas muy ancladas a determinado estilo de música que cuando alguien les dice que le gusta cualquier otro estilo no pueden evitar decir: “¿¿en serio??” como si hubiera aparecido un cerdo volando. Postureo musical.

Y como estos ejemplos, muchísimos más.

El “mi música es mejor que la tuya” está a la orden del día. Todos deberíamos abrir un poco más nuestros oídos y estar receptivos a otros estilos, otras épocas, otras regiones del mundo… la música es diversidad y pluralidad. Ni siquiera la persona que ha escuchado mucha, mucha, pero muchísima música tiene derecho a echar por tierra aquello que no le gusta.

Porque la música llega hasta lo más hondo de las personas, y es fácil que algunos puedan sentirse dolidos… ¿Acaso nos atreveríamos a decirle a alguien “vaya horror de pantalones que llevas”? Puede que no nos gusten, pero eso no los convierte automáticamente en un horror, ni al portador de dicho atuendo le agradará oírlo.

Los diferentes estilos de música hoy en día tienen la particularidad de llevar una estética y una forma de vida asociada, que no es sino marketing. Una forma de hacerte “pertenecer”, para que lo sigas sin criterio musical, sólo como una forma de consumo. Postureo musical, vamos. ¡Resistencia!

 

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