viernes. 14.08.2020
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Nieve y recuerdos

Nieve. 
©️ Ilustración MIRIAM LIZASO
Nieve. ©️ Ilustración MIRIAM LIZASO
Nieve y recuerdos

Nací en la montaña. Inviernos largos y días cortos. El sol de invierno en la montaña es como un holograma cansado. Apenas asoma, ya se ha ido. Predomina la bruma, el frio claro está y la penumbra. Menos mal que de pronto surge la magia: ¡nieva! Todo se cubre de un manto blanco, de algodón, que ilumina lo imposible. Los tímido guiños del sol invernal, y la tentadora sonrisa de la luna rebotan y renacen en el espejo blanco que los recibe. Pero para nosotros, niños, nieve era sinónimo de vida, de juego, de risa, Y sobre todo de inmensidad. Las montañas eran inmensas en su blancura. Caminar entre espesuras de nieve que nos cubría la cabeza era una experiencia sobrecogedora.
Cuanto alardeé luego en la ciudad, delante de mis compañeros de colegio, de las enormes nevadas que caían en mi pueblo. «En mi pueblo nevaba más de dos metros», replicaba siembre a mis amigos cada vez que caían cuatro copos en la capital. Un día, ya adulto, volví a mi pueblo un día de invierno. Y cayó una gran nevada. La nevada de todas las nevadas según los lugareños. De pronto comprobé, con sorpresa, que la nevada no llegaba a un metro. Uno de los pocos iconos románticos de mi vida en la montaña se derritió como la nieve de primavera. ¡No caían dos metros de nieve, sino que yo media menos de un metro!
Cuando alguien me dice que le da miedo volver a los recuerdos de su infancia, yo le hablo de las nevadas de mi pueblo. Aquellos miedos, angustias o soledades fueron monstruos de más de dos metros para aquel niño que fuimos. Enormes y sobrecogedores. Y en cierto modo lo siguen siendo aún hoy en nuestra vida de adulto.Si, de manera consciente, conseguimos conectar con el niño que fuimos, acogerlo en sus miedos y temores y restaurar sus carencias, dándole seguridad, el niño empezará a crecer seguro y comprobará, que aquellos monstruos que lo aterraron no median más de dos metros, sino que él, entonces no llegaba al metro de altura. Es más, aquellos monstruos, al igual que ocurre con la nieve en la montaña, se derretirán con la llegada de la primavera. Y los monstruos ya no serán tan monstruos.

Javier Elcarte Psicólogo, Neuropsicólogo Fundador y Director de Vitaliza

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