jueves. 09.07.2020
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Viendo pasar a la gente

©️ Ilustración MIRIAM LIZASO
©️ Ilustración MIRIAM LIZASO
Viendo pasar a la gente

Cuando volví de la bruma solía sentarme en aquel banco, viendo pasar a la gente. Para mí aquel fenómeno resultaba sorprendente. Todo el mundo parecía saber a dónde iba, todo el mundo parecía conocer el camino. Yo no sabía a dónde ir. Yo no tenía destino. Simplemente caminaba, con mayor o menor tino. Un día de entre la bruma, surgió aquella sonrisa, aquella mirada amorosa que meció mi corazón, y aquella mano extendida que acunó mi alma. Fue un ancla que me fijó al camino. El ancla del amor sustituyó al destino. Caminé y caminé, recorrí muchos caminos. Fui viajero, fui revolucionario. Conocí el mundo de la empresa y la senda espiritual. Casi, incluso, llegué a ser normal. No fue fácil. En el viaje hubo risa y también mucho llanto. Y también por qué no decirlo, algunos momentos de espanto. La voz de maestro siempre presente, "el corazón se riega con lágrimas" me decía vehemente.

Un día, la bruma aligeró un momento, y entonces comprendí el mensaje de amor de aquella mirada eterna. "¡No es afuera!” me dije, "tengo que mirar adentro”. Aliviado y agradecido, me paré y volví a tomar asiento.

Hoy ya no soy joven, no tengo sangre caliente, pero sigo en el mismo banco, viendo parar a la gente. Ya no importa no saber, ni ser un hombre sin destino. En realidad, ahora se, que en sí mismo no hay camino Y mucho menos si cabe, existe ningún destino. Simplemente caminar, con profundo amor por uno mismo y.. por todos los demás.

 

Javier Elcarte Psicólogo, Neuropsicólogo Fundador y Director de Vitaliza

 

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