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Un hombre atado a una columna

Para nuestra fortuna (y alegría), en estos años hemos publicado a algunos de los más brillantes columnistas en lengua castellana: desde Julio Camba hasta Pablo Martínez Zarracina, Rafael Barrett, Manuel Jabois o  Antonio Cabrera.
 
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Un hombre atado a una columna. PEPITAS EDITORIAL
Un hombre atado a una columna
A día de hoy, algunos ya están completamente consagrados y otros todavía están «por ser descubiertos» por muchos lectores (gente suertuda).
 
Van aquí algunas sugerencias de lectura (pincha en la imagen para ampliar información):

 

 


El periodista y escritor Manuel Jabois charla con Javier Aznar de libros, periodismo, series, inspiraciones, redes sociales, frustraciones, la radio, o el Real Madrid.

Puedes escucharlo en dos episodios de Hotel Jorge Juan. Pincha aquí (habitación 320) o aquí (habitacion 101).

 

 

Queremos tanto a Pablo


Apenas hayan leído unas páginas de este libro que se presenta hoy, comprobarán que hay días en los que un escritor no necesita pasearse por el mundo apuntando a las cosas con los espejos del callejón del Gato. No. Hay días en los que la realidad se deforma ella solita. Y si no, que se lo pregunten a Pablo Martínez Zarracina.

Todas las ciudades en fiestas se parecen, o por lo menos esa es la impresión que una tiene después de haber leído de un tirón el último libro de Pablo.

En Resaca Crónica, Zarracina nos invita a pasear por las calles de un Bilbao desmesurado y un poco hortera que inevitablemente nos recuerda a cualquier ciudad que se pone desmesurada y un poco hortera cuando llegan las fiestas. Salir corriendo sería una opción que nadie le echaría en cara; sin embargo, el cronista no solo no huye, sino que se zambulle entre resignado y gozoso en el tumulto, e intenta explicarse y explicar lo que sucede a su alrededor.

Lo hace a su manera. Con ironía, desconcierto, mala uva y hasta una cierta ternura. No va en serio, nos advierte en el prólogo. Y después se lanza.

Resaca crónica recoge las columnas festivas publicadas cada verano en El Correo entre 2003 y 2007, y nos lleva a la tómbola, a los conciertos, a los tiovivos y a los autos de choque, nos pasea por las calles llenas de gente, por las noches largas, nos invita a calimocho.

El cronista de esta resaca eterna, de por sí propenso al sarcasmo y a la hipérbole, ve cómo su fe en el género humano se pone a prueba cada año por las mismas fechas. En sus textos nos hace constatar que en todas partes cuecen habas y en todas las ferias venden megáfonos. Menos mal que las fiestas solo duran una semana... Una semana de nueve días, eso sí, que para eso son las fiestas de Bilbao.

Los artículos recogidos en Resaca crónica son un catálogo de filias y fobias, una galería de músicas insólitas y objetos rocambolescos, una colección de personajes típicos; son, en fin, artículos de costumbres. De costumbres raras, pero de costumbres.

Los efectos asociados a la lectura son variados y van desde la sonrisa resignada a la carcajada, del desasosiego a la placidez, del horror a algo parecido a la melancolía...  

En fin. Disfruten con el libro, ríanse, reconózcanse ridículos, entrañables o pintorescos, váyanse de fiesta y tómense un vino a la salud del autor.  

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La casa de Lúculo es un recorrido por la gastronomía de los pueblos de España que toma como referencia textos del periodista Julio Camba.

Realizado por Antonio Mercero y locutado por Antolín García, forma parte de la serie documental La víspera de nuestro tiempo, un programa cultural de RTVE dirigido por Jesús Fernández Santos en el que la obra de determinados escritores españoles constituye la base para crear un acercamiento al ambiente, cultura y paisajes de la geografía nacional.

Puedes ver el programa completo aquí.

 


«Hablar de cualquier parida parece fácil, pero no lo es. Lo común es que lo hablado acabe siendo un latazo, un cliché horrendo o un galimatías atroz. Asimismo, una o dos veces cada siglo aparece un piernas capaz de hacer divertido cualquier tema: buganvillas, rock japonés, lacrosse o tetinas de biberón. Julio Camba era así, sin duda. En una pluviosa isla vecina viven también varios de esos: Guy Browning (un hombre que hace que las llaves de casa o el ascensor se tornen temas mondantes, explosivos e históricos a la vez, como un cruce imposible entre Top Secret, el tratado de Versalles y You really got me) o mi héroe, Charlie Brooker, un fulano que me hizo leer un libro entero sobre videojuegos. Llorando de risa.
Pablo Zarracina, mi columnista español favorito, es tan o más bueno que esos ingleses paliduchos que acabo de nombrarles (y eso, para un anglófilo ultra como quien les escribe, es mucho decir). También es insuperable en un marco español y, si quitamos a Manuel Jabois, me atrevería a decir que nadie escribe mejores columnas que las suyas. Ingeniosas, más rítmicas que un tam-tam bosquimano, concisas y espantosamente tronchantes».
 

—Kiko Amat, Babelia
 


«Periodismo es escribir tropezándose con el mundo. Camba lo
ejerció sin pretensiones, y al acercarse al paisaje lograba que bajo su mirada siempre se apaciguasen las cosas».
 

—Manuel Jabois, Diario de Pontevedra



«La editorial Pepitas de Calabaza continúa con la recuperación de la obra del periodista gallego con Ni Fuh ni Fah, un compendio de crónicas inédito desde 1957 que destila lo más brillante de la lúcida ironía y el estilo de su autor».
 

—Andrés Seoane, El Cultural



«Probablemente, en el columnismo español reciente no se ha visto un alter ego literario tan divertido y tolerable desde el creado en los ochenta por Francisco Umbral».


—Pablo Martínez Zarracina, El Correo (sobre Manuel Jabois)



«Camba es un observador mayúsculo de la realidad y cuestiona continuamente los tópicos culturales y sociales de su época. Y nos deja, en cada página, una enseñanza moral para el presente».

—Íñigo Linaje, Revista Purgante



«Una escritura chispeante y un humor subversivo se combinan en su "maniera literaria"».

—Luis Alberto de Cuenca, ABC (sobre Julio Camba)

 
 


«Hay que ver cuando una inglesa se pone a ser fea (...) Es fea de un modo rotundo, fundamental y definitivo. Parece como si a lo largo de su vida hubiera ido cultivando el horror de su cara y de su cuerpo con un cuidado especialísimo, procurando no omitir ninguno de los detalles que deben constituir una fealdad perfecta».

—Julio Camba

 
 

Existen hilos negros que conectan a las personas, las ideas y las luchas por todo el mundo. Y esta semana se ha cortado uno.

El martes, en Chania (Creta, Grecia) murió Marc Tomsin, amigo y colaborador de Pepitas desde años atrás. Nos cuidó en París; sin él, nos hubiera costado conocer a uno de nuestros escritores favoritos: Stig Dagerman; editó en francés uno de los libros más importantes de Pepitas —Cabezas de tormenta, de Christian Ferrer— y maquinó en otros importantes proyectos.

Marc estuvo en el 68 en París, participó en la mítica ICO (Informations et Correspondances Ouvrières), fue editor de la exquisita Ludd, de Rue des Cascades, fundó La voie du jaguar (https://lavoiedujaguar.net) —dedicado a la lucha de los pueblos indígenas de México—, entre otras mil aventuras.

Nos llegan noticias de que murió feliz (sin darse cuenta, vaya), y eso nos hace más llevadera la pena.

Que la tierra te sea leve, compañero.

(¡Y que esta noche arda un banco en tu honor, amigo!).

Los del apartado 40.
 

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