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LA PLAYLIST DE TU VIDA

Mom plays with her daughter at home. Lessons on a musical instrument. Children's development and family values. The concept of children's friendship and family.
Madre e hija jugando y tocando música. IMAGEN DE ARCHIVO
LA PLAYLIST DE TU VIDA

Vivimos en la era del trap y del reggaetón, en la que el mainstream mueve a las masas jóvenes, de hecho cada vez más y más jóvenes, llegando a la infancia. Se ha normalizado el hecho de consumir desde muy pequeños medios audiovisuales que no tienen ni la mirada ni la sensibilidad ni la más remota idea de qué es y qué necesita el público infantil (y poco parece importarles). Y esto a pesar de que se sirven y se valen de él para aumentar sus negocios.

Vídeos musicales, cuentas de youtubers, tiktokers e instagrammers, música que suena en radios, televisiones y hasta en los mismos colegios. Maneras de vestir, de hacer, hasta de sentarse y cómo no, maneras de hablar. “Me representa”, dicen.

La música es un gran negocio (para unos pocos, está claro que no para los miles de músicos y músicas, compositores, instrumentistas, arreglistas, técnicos de sonido con gran talento pero que están en sus casitas viendo como “la que está cayendo” se les cae encima, efectivamente). Este gran negocio va arrasando. Los artistas sacan hits que no han sido concebidos desde lo musical, lo artístico, sino desde el target al que quieren llegar. Y lo hacen tirando la casa por la ventana y con toda la artillería pesada para convertirlos, sí o sí, en éxitos de ventas

¡¿Qué queremos?!  ¡Ganar mucho dinero!

¡¿Cómo?!  ¡Caiga quien caiga!

¡¿Dónde?!  ¡Hasta en la sopa!

Y así, vemos que productos musicales para jóvenes son consumidos cada vez más por preadolescentes y niños y niñas, sin filtro alguno. Normalizando letras, y alejándose de cualquier otro tipo de música (y miren que las hay).

¿Dónde quedan las canciones infantiles, las retahílas, los juegos, cuentos y refranes, juegos de manos, juegos de goma…? Todas estas melodías que cantábamos y que aún recordamos con cariño. Más sencillas a priori, más inocentes, pero sin duda más sensibles, más apropiadas para el desarrollo y el momento evolutivo de la infancia.

Estas canciones poseen un caudal rítmico, gestual, de baile, melódico. Son micro universos, pequeñas cajitas que esconden tesoros. Encierran el poder de la palabra, las imágenes sensoriales, imágenes que tienen que ver con nosotros y nosotras. Encierran un universo mucho más infinito que una canción macro-elaborada pero carente de la sensibilidad y el sentido que necesita la infancia.

Y con esto no me gustaría caer en la típica frase de “es que lo que escucháis ahora no es música… Lo que escuchábamos en mis tiempos sí que lo era”. Siempre defenderé que hay momentos, públicos y tipos de música para todo, pero también creo y defiendo que la infancia debemos salvaguardarla, respetarla, cuidarla y entenderla. Como es. Con su ritmo, con sus tiempos, con su inocencia.

El patrimonio musical que poseemos es inmenso, y ya no se lo mostramos apenas a la infancia. Las canciones que les cantan sus abuelos y abuelas, la gente mayor del pueblo, las canciones que a nosotros nos conmueven y nos llevan también a nuestra niñez, a lugares, a momentos… ¿Por qué no apagamos un momento la radio y la televisión y tomamos nosotras y nosotros la voz cantante? Volvamos a cantar, a jugar, a palmear, a saltar y a hablar el lenguaje de los niños y de las niñas. El lenguaje de la música sensible, sencilla, emotiva, cercana y hermosa. El lenguaje del juego. El lenguaje de conectar.

“Si fulanito se tira por un puente, ¿tú te tiras?”. Y si la playlist de tu vida te la dan hecha, ¿tú aceptas?

María Suberviola

@musasyfusas

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