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Personas influyentes (2)

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Personas influyentes (2). IMAGEN DE ARCHIVO
Personas influyentes (2)

En este artículo, voy a continuar refiriéndome a personas dentro del mundo de la ciencia con mayor capacidad de influencia que la mía, que no es difícil.

En el anterior artículo hice referencia, sobre todo, al testimonio del Dr. Michael Yeadon, que trabajó durante muchos años dentro del gigante farmacéutico Pfizer, llegando a ser durante mucho tiempo vicepresidente y jefe científico del área de alergias e infecciones respiratorias de esta farmacéutica.

El Dr. Yeadon no cree que las nuevas vacunas frente a las mutaciones del SARS-CoV-2 contribuyan al control del proceso, dado que estos nuevos medicamentos están destinados a crear una serie de anticuerpos. Estos anticuerpos están dirigidos hacia una característica única del virus. Son tan específicos que no van a reforzar la verdadera resistencia del sistema inmune frente a los virus. La principal barrera inmunológica frente a ellos son las células “T”.

Admitiendo el hecho de que se conozca perfectamente la estructura del SARS-CoV-2 de Wuhan (que no se aisló en condiciones adecuadas sino que se rellenó a través de información de las bibliotecas genómicas), las nuevas variantes difieren de la inicial (según afirma el propio Dr. Yeadon) en apenas un 0’3%.

O sea, que un 99’7% es semejante al virus “original”. Y, para ayudar a nuestro sistema inmune, ¿es realmente necesario construir nuevas vacunas específicas?

Este científico comenta que el SARS-CoV-1, causante del brote de 2002-3, es similar en un 80% al SARS-CoV-2, y que las personas que superaron la enfermedad en aquel entonces (hace 17-18 años), al extraérseles en la actualidad sangre y enfrentarla al SARS-CoV-2, vieron que conservaban inmunidad de células T frente a este nuevo SARS-CoV-2. Y eso que sólo es un 80% similar.

Si para dos virus con la misma raíz y columna vertebral, diferentes en un 20%, la inmunidad generada reconoce las dos variantes, ¿por qué hay que vacunar con otro producto para una diferencia del 0’3%?

“No hay ninguna justificación para fabricar otra vacuna. Además, los reguladores de medicamentos del mundo ya dijeron que debido a que son muy parecidas a las vacunas originales, no solicitarán estudios clínicos de seguridad y eficacia.”

En sus declaraciones, el Dr. Yeadon presagia que, como ya se ha podido escuchar a otras figuras importantes que se oponen al actual entramado Covid, tras estas vacunaciones se pueden producir enfermedades nuevas e inexplicables.

Continúa en su exposición que todo esto puede formar parte de un complot criminal (esto son palabras mías para intentar resumir lo que expresa Yeadon) cuya finalidad sería matar a una gran parte de la población. Y para que no se les relacione con las vacunas recibidas, se crearían otros focos de emergencia sanitaria, como una operación de “falsa bandera”, que dejara fuera de toda sospecha el vínculo entre vacunas y muertes.

Si estás leyendo esto, te vendrán a la cabeza (lo mismo que a mí me pasó) varios ejemplos de películas de ficción en los que este tipo de dinámica es tan frecuente. Y claro, automáticamente, se pone en marcha en nuestros cerebros una negación total de cualquier posibilidad remota de que algo así, que ha salido tantas veces en películas, pueda ser real, tan real como la vida misma… Es el fenómeno llamado “primado negativo”. Todo está estudiado ya, querido amigo.

Sigamos con lo declarado por el Dr. Yeadon. Enfatiza que el SARS-CoV-2 causa daños y muerte generalmente en personas de edad avanzada o con alguna enfermedad subyacente, por lo general en ambas, así que hablamos de menos del 0’1% de la población

Siempre que se habla de este tipo de cosas, sale alguien al encuentro afirmando que también se afectan personas no tan ancianas. Y eso es verdad, claro que sí. Pero, estadísticamente hablando, Covid-19 afecta muy mayoritariamente en los cuadros graves a personas mayores y con patología subyacente (hipertensión, sobrepeso, diabetes…).

“Dado que, a diferencia de la influenza, este virus representa en el peor de los casos un riesgo mayor para las personas de edad avanzada y con alguna enfermedad, no era necesario hacer todo esto. Nada de lo que hicieron era necesario.”

Si miramos un poco hacia atrás, podemos comprobar que ha habido una serie de condiciones a cumplir para que un producto farmacéutico (léase vacunas) fuera autorizado excepcionalmente por las agencias reguladoras del medicamento de los diferentes países.

La primera de ellas era que estuviera declarada la situación de pandemia, y aquí la OMS es el guardián de las llaves del cofre del tesoro. No permitirá tan fácilmente desactivar la situación de pandemia porque el chiringuito se vendría abajo: no se podrían aplicar ninguna de estas vacunas ni las PCRs, etc, etc.

Otra condición es que no hubiera tratamientos alternativos válidos. Aquí se lo trabajaron para desprestigiar y sacar del tablero de juego una serie de productos que, según testimonio de profesionales que los aplican, son eficaces frente a la Covid-19.

¿Os acordáis del estudio del Lancet con datos falsos por el que se desterró a la Hidroxicloroquina? Esto es sólo un ejemplo. Pero, por otro lado, están una serie de tratamientos que han sido directamente demonizados, como el dióxido de cloro, o que ni siquiera se han planteado estudios rigurosos, como el ozono, el peróxido de hidrógeno, la ivermectina…

Ya el Dr. Yeadon en diciembre 2020 comunicó a la EMA (la agencia europea reguladora de los medicamentos) su petición de que pararan los estudios de fase III de la vacuna de Pfizer por problemas de seguridad. Y lo argumentó con los siguientes puntos:

  1. La posibilidad de que estas vacunas produjeran anticuerpos no neutralizantes que, tras un siguiente contacto con el virus salvaje, generara una reacción inmunológica exagerada (el fenómeno ADE)

Este hecho se ha observado en los estudios con animales en todos los intentos previos para conseguir una vacuna frente a coronavirus.

  1. La vacuna de Pfizer/BioNTech contiene Polietilenglicol (PEG), y los estudios demuestran que la mayor parte de la población (más del 70%) posee anticuerpos frente a esa sustancia, lo que podría producir reacciones alérgicas importantes frente a la vacuna.

De hecho, desde el inicio de las campañas de vacunación masivas, lo primero que llamó la atención fueron los casos de anafilaxia en diversos países, siendo achacada por las autoridades sanitarias al Polietilenglicol.

Esta sustancia también se encuentra en el producto de la empresa Moderna.

  1. La vacuna ARNm se dedica a estimular la producción de la proteína “spike” del SARS-CoV-2 y a que se generen anticuerpos frente a dicha proteína. Se ha visto que parte de esta proteína tiene semejanzas con proteínas del grupo de las sincitinas humanas, proteínas éstas que forman parte del proceso de construcción y asentamiento de las placentas. Si hubiera reacciones frente a estas sincitinas-1 podría provocar infertilidad.

Si este fenómeno se diera lugar, la repercusión sobre la reproducción de gran parte de las mujeres fértiles vacunadas sería enorme. Bueno, pues este fenómeno no ha debido tener el interés suficiente como para estudiarlo a fondo previamente a la instauración masiva de las vacunas.

  1. Debido a la mínima duración de los estudios, es difícil estimar  de forma realista los efectos adversos; y, dependiendo de esos efectos, millones de personas podrían exponerse a un riesgo inaceptable a cambio de un beneficio mínimo.

Como el lector intuirá con facilidad, no hubo respuesta de la EMA.

Según apunta el Dr. Joseph Mercola, si enfocamos a otros temas, además de la seguridad, el hecho de una vacunación mundial de esta categoría, con una tecnología totalmente nueva, experimental, sienta un precedente peligroso. Se ha comprobado sin ninguna duda que, al provocar miedo en la población, las personas no han opuesto resistencia a la hora de permitir disminuir sus derechos y libertades individuales con tal de “solucionar esta emergencia de salud”.

Y una de esas libertades que se han quedado por el camino es la de rechazar un procedimiento médico experimental. En 1947, el código de Nuremberg asentó que “nadie será sometido sin su libre consentimiento a experimentación médica o científica”.

Hago aquí un pequeño inciso-pregunta: ¿sabéis cómo son los documentos de consentimiento informado que se han confeccionado para esta vacunación masiva al menos en nuestro país, España? Si lo sabéis tenéis mucha suerte, porque no se han confeccionado de una forma controlada y centralizada.

En cada lugar se hace lo que les da la real gana. La mayor parte de las ocasiones simplemente se dice que fulanito de tal y tal da su consentimiento (o sea, una exoneración de responsabilidades judiciales) para la inoculación de tal producto. Y en las más de las veces no dice nada de las alternativas existentes, de los posibles efectos adversos que se pueden esperar y otros “pequeños detalles sin importancia”… (entiéndase la ironía).

En cambio, antes de que finalicen los estudios de las actuales vacunas (para 2022-23), diversos gobiernos han planteado la obligatoriedad de estas vacunas, y muchas empresas y universidades han obligado vacunarse a sus empleados y estudiantes, respectivamente.

Tanto el Dr. Yeadon como otras personas sensibilizadas en este tema, han manifestado con total claridad que el denominado pasaporte vacunal no tiene nada que ver con la salud pública, sino que es la entrada a un mayor control digital de la persona… y, si se entra en ello, no será opcional.

El pasaporte vacunal marcará el comienzo de un mecanismo de vigilancia nunca antes visto. Y traerá la posibilidad de que en cualquier momento, y por la excusa de un problema de salud pública, las autoridades puedan imponer cualquier tipo de medida a la población, con el total control de la información personal.

O sea, el modelo chino. Si eres bueno y obedeces, puedes viajar, acudir a un espectáculo, tener posibilidades de ascenso en tu trabajo, obtener facilidades de crédito… En cambio, si no eres obediente y no pasas por el aro, las puertas (en cualquier ámbito) se te cerrarán.

La primera reacción que resulta lógica y racional en los lectores o receptores a los que les lleguen semejantes testimonios, opiniones y declaraciones de personajes que salen o han salido de estampida de las farmacéuticas es: estas personas están sirviendo un plato de pura venganza ante alguna pifia que les han hecho al final de su actividad laboral con las empresas… o cosas por el estilo.

Aquí sólo he expuesto los testimonios del Dr. Michael Yeadon, pero en este tipo de temas (salud/medicina/farmacia), abundan las personas que tras hacer su carrera en la farmaindustria, se despachan con críticas potentes sobre el funcionamiento de ese sector de la economía. ¿Todos ellos han salido cabreados y se comportan de forma vengativa?

Me parece que es una respuesta muy simplista. Se puede estar de acuerdo o no con lo dicho por el Dr. Yeadon y mostrado en estos dos textos. Cada cual es libre de opinar… al menos por ahora…

Salud para ti y los tuyos.

SILVANO Y LOGO

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