Así

FOTO: MARTA SALAS

Es muy recurrente una falsa disculpa cuando se mete la pata:

—Yo soy así.

No hay mayor problema si los errores son llevaderos, porque aún no nació quien actúe sin tacha; lo desagradable empieza cuando la persona en cuestión abusa de su asumido defecto 'de fábrica' para fastidiar.

No creo en los maleficios ni en la irreversibilidad cuando éstos se aplican a los comportamientos humanos. Siempre estamos a tiempo de corregir el rumbo.

Hablarle sin respeto a un camarero, para mí, entra en la categoría de lo imperdonable. El abuso de la posición de cliente es detestable de todo punto. Pocas cosas me sublevan tanto como la no infrecuente prepotencia de quien paga.

La falta de solidaridad al volante es otro hábito fácil de encontrar a diario, como lo es el desprecio al diferente.

Cuánta gente no hay, por otro lado, que no sabe escuchar, que no considera a los demás si no es para contarles su vida, cansinos en su analfabetismo emocional de ególatras malcriados, ineptos para ponerse en la piel de quien se sienta a su mesa.

Son pautas, sin embargo, que acaban por perdonarse o asumirse de tan vistas.

Pues mire, no. El camarero, el que conduce a tu lado, quien te ofrece un pañuelo en un semáforo o quien aguanta con una sonrisa forzada tus mediocridades no tienen por qué saber que tú eres así.

Y si lo eres, ¡cambia!

 

Salvador Navarro - Escritor

Autor de 'Nunca sabrás quién fui