DESES/CALADA

FOTO: MARTA SALAS
LUNES CRÍTICO
Calada, así estaba a todas horas Clara. Esa menopausia la estaba volviendo loca, irritable e insoportable. A duras penas se aguantaba a sí misma. Maldecía a cada sofoco, ya no podía con aquel calor, nada que ver con el que tanto había añorado en esa fría y lluviosa ciudad.
La casualidad y la causalidad se unieron -con bastante mala leche- para que aquello sucediera en ese extraordinario momento.
Esos calores súbitos, provocados por los cambios en los niveles de estrógenos, se convirtieron en su pesadilla en aquella pandemia, que sorprendió a a los ciudadanos de a pie, que serían esos días manipulados por la (des)información en los medios de des-comunicación (no faltos de estrategia).
Todos los payasos de la tele decían que lo hubieran hecho mucho mejor. Los Bancos, las Compañías de Telefonía Móvil, las de Seguros, y tantos otros, se dedicaban a torturarnos con larguísimos anuncios acompañados de canciones horteras y nos prometían que todo iría guay, que éramos chachis y que nuestro país era ejemplar (era nauseabundo).
Aquel país, ni en éstas, se ponía de acuerdo, todo valía para hacer guerra política y se manejaban las víctimas como números, hacían frías estadísticas, comparándose con la situación de otros países, como si de una competición se tratara.
No era suficiente el miedo infundado y los dramas en la caja tonta, que ya provocaban inquietud, acojono y ansiedad ante la incertidumbre, ahora Clara tenía la propinapausia.. a joderse.
Tenía mellizas adolescentes (que no se soportaban) y un marido al que quería mucho, pero al que ya dejó de amar mucho tiempo atrás.
En su andadura, en el tiempo de esa larguísima relación: dos amantes, a los que amó y creyó querer, y unas cuantas aventuras que le hacían recordar y sentir que aún estaba viva.
Amigos y amigas que llegaban y se marchaban, exceptuando a no pocos incondicionales -al menos tres o cuatro, un balance estupendo-, en los que siempre encontró apoyo y compresión, a pesar de haber sido poco equilibrada y muy visceral -sin esto, simplemente, no sería Clara, un nombre que le venía como anillo al dedo-.
Era sincera en los momentos de calma y reflexión, de paz interior; también en los momentos de rabia y asco -entonces era más sincera aún, sin medir sus palabras, ni las borracheras y las consiguientes consecuencias-.
Era la mejor amiga y podía ser la peor de las enemigas, aunque -sobrada de capacidad- nunca escogió ese papel, le parecía una pérdida de tiempo y, sobre todo, sentía una pereza tremenda ante la posibilidad de comenzar absurdas guerras que no se librarían de los “yo te di todo”, “yo pagaba la gasolina”, “yo te quería más que tú a mí”, “tú no estabas”, “yo tenía la razón y tú no”,  “no significaba nada, era un juego”...
Sencillamente, aprendió a retirarse con toda la discreción -de la que carecía- de todo aquello que sentía tóxico.

Saltándose todas las normas, lo primero que hizo en la fase 0 -qué absurda fase, tan rácana, nunca entendió comenzar a contar desde 0- fue llamar a Moussa, fuera de la franja establecida para salir a hacer deporte individual. Estaba deseando hacer una actividad, pero con él y sudar a mares, ya puestos a sudar, que mereciese la pena. Volvería despeinada, mojada y feliz a aquella casa, donde casi todo eran reproches y exigencias. Entusiasmada, tras ese ansiado encuentro, pensaría en todo lo que le depararía la fase 1 y la 2 y la 3.. poco le importaba ya que las fiestas universales de aquella hermética ciudad se hubiesen suspendido. Pensó que este hecho, impediría a tanto hipócrita hacerse el majo (casta, se hacían llamar, qué asco de adjetivo), tendrían que buscar otros momentos, quizás en nochevieja, disfrazados con máscaras, ocultando su rostro cobarde, falso y cansado.
Aquella continua sensación pegajosa y sucia le hacía abrir más los ojos, analizar de modo poco real y sentir repugnancia , mucha insolidaridad y poca tolerancia. Llegó a creerse, incluso,  que tenía la razón en todo. Tener la razón, era la primera de las cosas que le sacaban de quicio en la lista de las cosas que más le repugnaban.
Estaba perdiendo el Norte. Aunque siempre le gustó más el Sur.
Alcanzó su delirio una semana después, cuando la prueba del Coronavid19 dio positivo. Sólo pensó en Moussa y le deseó una pronta recuperación.
Sonrió, se sentía viva.

Se nos ha brindado la enorme oportunidad de meditar, de hacer balance, de concluir y decidir sobre este futuro incierto para los que piensan en futuro, para los que no, la ocasión, nos ha servido para vivir de un modo intenso, rompiendo las normas, los ritmos, lo cotidiano.
El futuro es ahora.
Ni antes, ni después.
Nada ha cambiado el precio por más que estemos en  estas marcianas rebajas.