CRISIS DE PÁNICO: IDENTIFICARLAS Y SUPERARLAS

Temor, crisis de pánico. IMAGEN DE ARCHIVO

Debido a la pandemia por COVID-19, la prevalencia de algunos trastornos mentales y del estado de ánimo, ha aumentado de manera exponencial en España y el mundo. Entre esta gama de afecciones se encuentran los trastornos de ansiedad, muy ligados a lo que conocemos como “crisis de pánico” o “crisis de angustia”, y que pueden convertirse en un verdadero problema a nivel físico y mental. A tal grado pueden manifestarse sus síntomas, que pueden limitar a quien lo experimenta con frecuencia un adecuado desarrollo y convivencia con quienes le rodean, así como mermar su capacidad para trabajar o cumplir ciertas labores de la vida diaria. Además, muchas personas recurren al consumo de narcóticos para tratar de paliar los efectos de los ataques de ansiedad, muchas veces sin la orientación adecuada de un médico.

Podemos definir una crisis de pánico como una sensación de estar en peligro, experimentando miedo y desesperación intensas, aunque en ocasiones no exista algún factor inmediato y real que esté provocando dicha crisis. Las causas son muy variadas, y es cierto que influyen algunos factores como el temperamento de cada persona, alimentación o consumo de sustancias y medicamentos, niveles de estrés a los que cotidianamente se enfrenta, así como su educación, entorno familiar y creencias personales. Debido a esto, se pueden sufrir una serie de reacciones físicas y mentales ante la sensación de amenaza, entre estas se encuentran con mayor frecuencia:

  • Taquicardia: nuestro corazón acelera la frecuencia de sus pulsaciones, a más de 100 latidos por minuto, aun en reposo. Pueden ser latidos rítmicos o arrítmicos.
  • Disnea: Dificultad para respirar adecuadamente, lo cual puede venir acompañado de una sensación en ocasiones de asfixia.
  • Sensación de opresión en el pecho: misma que puede ser molesta y en ocasiones, confundirse con alguna afección cardíaca.
  • Diaforesis: Sudoración excesiva, principalmente en la cabeza, las manos y los pies.
  • Tensión muscular y hormigueo: Principalmente a nivel del cuello, hombros, los brazos y las piernas.

Algunos otros síntomas menos frecuentes pueden incluir una sensación pronunciada de tener algo atorado en la garganta, temblor en algunas áreas del cuerpo, mareos, diarrea y urgencia por orinar. Además, a nivel emocional, pueden aparecer otras reacciones como la necesidad de huir, o por el contrario, una parálisis que no permite actuar o pensar con claridad, así como una serie de pensamientos de desesperación, desesperanza, pesadez o miedo a la muerte.

Por lo anterior, creemos que no sería agradable para nadie experimentar estas crisis, sin embargo, todos estamos propensos a padecerlas, sin importar nuestro nivel económico, credo o raza. Por ello, es importante tomar en cuenta las siguientes recomendaciones:

                Si te encuentras en el aura o en medio de una crisis de pánico:

  • Trata de mantener la calma.
  • No te obsesiones con pensamientos negativos.
  • Respira profundo a pesar de la dificultad. Trata de hacerlo de forma rítmica, inhalando por tu nariz lentamente y exhalando de la misma forma por la boca.
  • Ve a un lugar seguro, especialmente si la crisis se presenta en tu hogar u oficina, ten un espacio en el que puedas sentirte acogido y relajado.
  • Aliéntate con mensajes positivos y de calma como: “todo va a estar bien”, “esto va a pasar”. También es apropiado que le hagas saber a quienes te rodean en ese momento que comienzas a sentirte mal y necesitas ayuda.
  • Cierra y abre tus puños lentamente pero con fuerza, y de ser posible, ten un objeto cercano que puedas manipular y presionar.
  • Si la crisis no cede tras unos 10 o 15 minutos, es apropiado llamar a los servicios de intervención psicológica en situaciones de emergencia.

Para prevenir las crisis de pánico:

  • Siempre que puedas, platica de aquello que te angustia o te preocupa.
  • Practica deporte, realiza con frecuencia actividad física.
  • Evita en lo posible el consumo de estimulantes como la cafeína, los azúcares, y narcóticos.
  • Lleva un diario de tus vivencias diarias, trata de relatar cómo te sientes al finalizar el día.
  • Acércate a un especialista; en muchas ocasiones se puede pensar que quien padece una o varias crisis de pánico está loco, es necesario comprender que todos somos susceptibles de padecerlas.
  • Acude a psicoterapia con frecuencia, te ayudará a mantener tu mente en un estado de calma y a potenciar tus habilidades de autocontrol.

Psicólogo Enrique Pacheco

Universidad de Guadalajara, México

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