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PABLO BENEGAS (La Oreja de Van Gogh) publica un libro con su memorias

Pablo Benegas, guitarrista y compositor de La Oreja de Van Gogh, relata en primera persona sus recuerdos: desde una infancia marcada por el terrorismo de ETA hasta el éxito de una de las bandas más reconocidas e icónicas del panorama musical español.
PABLO BENEGAS (La Oreja de Van Gogh) publica un libro con su memorias. INNERCIA
PABLO BENEGAS (La Oreja de Van Gogh) publica un libro con su memorias. INNERCIA
PABLO BENEGAS (La Oreja de Van Gogh) publica un libro con su memorias

Enmarcado entre dos escenarios ‒el del Velódromo de Anoeta, al que Pablo Benegas se subió por primera vez siendo apenas un niño, y el de las zaragozanas Fiestas del Pilar del 98, que supuso la consagración de La Oreja de Van Gogh para el gran público‒ este libro supone un ejercicio de memoria intenso y conmovedor en el que los recuerdos construyen una poderosa reflexión sobre el impacto del miedo y de la violencia, pero también acerca del valor de la amistad y de la música.

Memoria es un testimonio personal de enorme valor que nos conduce por las calles y avenidas del Donosti de los años 80 y 90 ‒la ciudad que sufrió el mayor número de asesinatos de la banda terrorista ETA‒ a partir de la mirada de uno de aquellos jóvenes que vivió en primera persona la presencia de esa amenaza latente en su círculo familiar, como hijo de Txiki Benegas.

EL DESPERTAR A LA REALIDAD DE EUSKADI

Mi madre solía decirme desde bien pequeño una frase que me ha acompañado siempre: «Cuando salgas a la calle, no te olvides nunca de quién es tu padre». 

A pesar de los esfuerzos por mantener a sus hijos pequeños al margen del clima sombrío y angustioso del San Sebastián de los años de plomo, el peso del apellido paterno hizo inevitable el choque con una realidad de escoltas y coches blindados; de lágrimas y silencios. 

Un compañero me avisó de que habían pintado en una pared del baño «Benegas» dentro de una diana. Bajé a verlo y me impresionó mucho descubrir mi apellido en un punto de mira. [...] Me preocupaba que los que entraban en el baño me identificaran con la pintada o que alguien se distanciara de mí por miedo a que también le señalaran. Solo quería que la borraran de inmediato. Ni siquiera me interesaba saber quién la había hecho. Me daba igual. No pensaba que fueran a matarme, pero sí lograron su objetivo: me quedé tocado. En un adolescente, el miedo y la vergüenza bien mezclados son un potente inhibidor. Quizá hubiera sido mejor no verlo y protegerme. No lo sé. Avisé a un profesor y lo borraron rápidamente. No trascendió en el instituto o por lo menos esa es la sensación que tuve. La cuestión es que ya tenía una imagen más para mi álbum del terror. 

La música se convirtió en refugio durante la adolescencia. Compartida con los amigos en casetes grabadas que circulaban de mano en mano, coreada en bares y conciertos ‒cuando Donostia era parada obligada de todas las grandes bandas internacionales‒ y también en la intimidad de su cuarto, donde aprendió a sacar el sonido de sus grupos favoritos en una vieja guitarra clásica heredada de su abuelo Vicente. La efervescente escena musical donostiarra de los noventa llenó los locales de ensayo de jóvenes como Pablo que soñaban con parecerse a grupos como U2, Metallica o Pearl Jam, a los que habían visto tocar en directo.

LA OREJA DE VAN GOGH, HISTORIA DE UNA AMISTAD LUMINOSA


Pero las páginas de esta Memoria no se asoman únicamente al abismo del terror más crudo, sino que se entrelazan con el relato de una amistad luminosa. Un vínculo que nace en la adolescencia temprana, que crece al calor de bares y cafés, conciertos y locales de ensayo, y que se vuelve cada vez más sólido en torno a una pasión compartida y un compromiso común. Una historia de azares y serendipias, de caminos que confluyen y senderos que se bifurcan, de encuentros y desencuentros que cristalizaron en uno de los grupos más importantes del pop español: La Oreja de Van Gogh. 

A través de sus recuerdos, Pablo Benegas nos convierte en testigos privilegiados de momentos especiales vividos junto a sus compañeros. 

La tarde en que conoció a Xabi: 

Xabi me pareció muy divertido, me cayó bien. Quién me iba a decir a mí que con aquel tipo de camisa azul metida por dentro, pantalón de pinzas, flaco, con rizos y fumador iba a compartir mi vida y no con la chica que tenía al lado y que tanto me gustaba. 

Álvaro, el hombro sobre el que llora su primer desamor: 

Álvaro bajó y cuando abrió la puerta del portal volví a derrumbarme. Me cogió, me abrazó y nos dirigimos hacia la playa, que estaba a escasos cien metros. Él me rodeaba con su brazo mientras yo enterraba mi cabeza en su pecho. Morgan, su perro querido que aparece en el videoclip de «Soñaré», completaba la escena. La playa de La Concha nos recibió con los brazos abiertos y todas sus farolas encendidas. La de maniobras de reanimación y corazones rotos a los que esta playa habrá atendido. Y allí estaba el mío por primera vez. 

O el primer día en la facultad de Derecho, cuando a Pablo le pasó una de las mejores cosas de su vida, Haritz: 

Mientras la gente iba entrando en el barracón, en el extremo opuesto se situó un chico alto y flacucho al que no conocía [...]. Era Haritz Garde. Así nos conocimos. Me pareció un tipo tímido que transpiraba bondad. Siempre he pensado que si alguna vez alguien le escribiera una canción a Haritz tendría que ser un silencio que permitiera escuchar su corazón latir, porque ningún otro suena igual. 

Álvaro, Xavi, Luis y Haritz fueron el embrión de un grupo aun sin nombre ni cantante hasta que apareció la pieza que faltaba: 

A los postres, las amigas de Amaia le pidieron que cantara algo. Ella se negó en un primer momento porque le daba mucha vergüenza, pero las otras insistieron tanto que acabó aceptando con la condición de que apagaran la luz. Empezó a cantar, a oscuras, «Nothing Compares to You». En la intimidad del silencio y la penumbra, con nuestras emociones navegando en el agua de Valencia, la voz de Amaia nos acarició uno por uno. Fue realmente mágico. Nunca había oído cantar así y menos a treinta centímetros de mí. 

El suyo es un relato emocionante que nos descubre aspectos desconocidos sobre los orígenes de La Oreja de Van Gogh: desde la elección del nombre de la banda a la grabación de sus primeras maquetas; del triunfo en el concurso Pop Rock Ciudad de San Sebastián al fichaje por parte de Sony; sin dejar de lado a la creación de algunos de esos temas que hoy forman parte de la banda sonora de varias generaciones. 

Las pequeñas cosas del día a día se abrían paso entre los escombros de la tristeza y la amargura. En ese contexto de miedo y violencia en el que vivíamos, de manera inconsciente nuestra música empezó a contar que en nuestra ciudad también pasaban otras cosas: que nos enamorábamos y sufríamos por amor, que cogíamos el autobús, que nos contábamos secretos al oído, que teníamos sueños, pesadillas y mirábamos la luna tumbados sobre la arena de la playa de La Concha. No era más que un grito de esperanza para recordarnos que en algún momento las flores volverían a crecer donde ahora llorábamos. 

Escrita con una delicadeza y autenticidad desbordantes, esta memoria personal de Pablo Benegas se eleva en memoria colectiva de una banda y de toda una generación. Una mirada especial llena de ternura, que ilumina las experiencias más duras abriendo espacio a la esperanza. 

Ensayar me ayudaba a pasar el tiempo sin mirar cómo iba y venía el columpio de la tristeza. Para mí era una vía de escape, una ventana abierta a otro paisaje que me permitía huir de todo lo que significaba ETA. En aquel local de ensayo, con mis compañeros, me sentía tranquilo, en paz. Hasta que aparecieron ellos, ninguno de mis amigos íntimos me acompañaba a las concentraciones. Había sido un camino largo, pero por fin había encontrado unos amigos que me comprendían con mis circunstancias, con los que compartía ética y mirada; eran conscientes de la situación de mi padre y de mi familia, del riesgo real y del sufrimiento pasado y presente, y no solo me apoyaban en lo que hacía, sino que me ayudaban a hacerlo, sin excusas ni rodeos. De pronto aparecía un pequeño sendero inesperado, el del grupo. Hasta entonces había transitado por el único camino que alcanzaba mi vista: el derecho, la lucha contra ETA, la militancia en organizaciones pacifistas, quizá la política. [...] Asumo que esta frase pueda sonar grandilocuente y presuntuosa, pero nunca sabré si la música y mis compañeros me salvaron la vida. Lo que sí sé es que el primero de los caminos hubiera sido una dura travesía por la tristeza y el dolor, mientras que el segundo ha sido un viaje lleno de felicidad y de color.

LA OBRA

«Nadie vuelve a ser el mismo después de pisar un escenario. No importa lo que suceda arriba. Para bien o para mal, nunca baja la misma persona que subió». 

Esta memoria, escrita con una sensibilidad especial, bucea en los recuerdos de dos décadas oscuras para contar una historia luminosa de amistad. Un viaje intenso y conmovedor que se levanta sobre los escenarios del dolor más crudo ‒el Donosti de los años de plomo en el que creció Pablo Benegas viendo el nombre de su padre en la diana de ETA‒, nos hace vibrar al ritmo de la música que suena a lo largo de sus páginas y nos emociona al descubrir los orígenes de un grupo que es leyenda para varias generaciones: La Oreja de Van Gogh. 

Con una prosa cálida que envuelve como una de sus canciones, Pablo Benegas comparte su memoria personal de un tiempo que nos pertenece a todos y que no deberíamos dejar caer en el olvido.


EL AUTOR


PABLO BENEGAS (San Sebastián, 1976) es guitarrista, compositor y uno de los miembros fundadores de La Oreja de Van Gogh, mítico grupo de pop rock con más de veinticinco años de trayectoria sobre los escenarios.

Título: Memoria 

Autor: Pablo Benegas 

Páginas: 248 

Precio: 21,90 € 

Publicación: 30 de mayo de 2024
Disponible en ebook

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