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EL PARTE

Radio antigua.
IMAGEN DE ARCHIVO
Radio antigua. IMAGEN DE ARCHIVO

La actual situación que vivimos en el mundo se asemeja a lo acontecido en situaciones pretéritas que a mí me recuerdan a cuando era niño y convivía durante los veranos con mis abuelos en el pueblo.

Viene a mi memoria esa radio que, más que un aparato, era una especie de mueble sobre el que se colocaba una o varias de esas bases redondas de encaje con figuras decorativas o floreros.

Eran momentos del día muy concretos: uno, “el ángelus” de las 12h de la mañana, ese recuerdo religioso del ángel visitando a la virgen María; otro, el rosario de la tarde… Pero a lo que me suena ahora es a ese espacio radiofónico que mi abuelo denominaba “el parte”.

¿A qué hacía referencia esa denominación? Pues a aquellos “partes de guerra” que debían escuchar atentamente, con una expectación e interés inusual hasta esas fechas, en las que la contienda civil sembró de miedo y de otra serie de cuestiones a la ciudadanía de este país.

Bueno, pues ahora, en esta nueva contienda mundial disfrazada de pandemia, está ocurriendo lo mismo que entonces. La diferencia es que en lugar de sólo haber un par o tres de emisoras de radio (todas ellas controladas férreamente por el régimen), en estos momentos hay “chiquicientos” canales de radio y televisión… además del sinfín de ofertas por internet.

En los grandes medios de comunicación siguen funcionando con las técnicas de aquel “parte de guerra”, que sembraba de miedo a mis abuelos y, seguramente, al resto de la ciudadanía que eran meros espectadores del desarrollo de la contienda.

En mi último viaje de vuelta a casa tras una semana de trabajo intensivo en Pamplona, me di cuenta del formato habitual que desarrollan las emisoras de radio. He de recordar aquí que en mi vida cotidiana no veo televisión (hace 17 años que no tenemos tv en casa), ni escucho emisoras de radio ni compro prensa.

En este viaje, repito, comprobé claramente que el inicio de los diversos bloques de noticias (y fui zapeando diferentes emisoras) junto a los siguientes minutos de contenido, consistía en vomitar las cifras del parte de guerra frente al coronavirus. Muertos por aquí, muertos por allá, aumento de casos en proporciones preocupantes…

Y no paran.

Aunque somos unos cuantos los médicos que nos prodigamos en los medios dando testimonio sobre la necesidad de cuestionarnos racionalmente la situación y los mensajes que nos llegan sobre la situación, hay que reconocer que estamos siendo superados por una especie de apisonadora mediática.

Como me refería en mi anterior artículo en este medio, la población está abducida, hipnotizada colectivamente. Y, a mi modo de ver, algo que considero mucho más grave, los médicos están callados. No sé si hipnotizados por los cantos de sirena del poder en sus diversas formas (me parecería inaudito) o por miedo a salirse de la fila (opción mucho más verosímil).

Todavía no sé cómo no ha habido una protesta enérgica del colectivo de atención primaria cuando se les ha vetado el acceso al contacto con las personas de sus cupos habituales. ¿Y los Colegios Oficiales de Médicos? Callados.

El otro día, en Pamplona, coincidí con un colega que trabaja en atención primaria, y me confesó que la mayoría de médicos se mueven en la superficialidad del tema, hablando, planteándose únicamente la conveniencia e implantación de tal o cual protocolo…, sin entrar en el fondo de la cuestión. Una pena… y un despropósito.

Este compañero de Pamplona me decía que estaba tranquilo; que, por la posibilidad que le brindaba el cribaje telefónico, seleccionaba los casos de personas que le parecían con más necesidad de ser vistas… y que estaba doblando turnos en dos centros.

¿Los médicos vivimos una profesión vocacional? ¿Dónde está el afán de servicio a la persona que pide ayuda por una enfermedad? ¿Desde cuándo un médico se ha echado para atrás para ver, por ejemplo, a un posible tuberculoso o a cualquier persona con otro proceso posiblemente contagioso? ¿Cómo vemos a los griposos cada año?

Yo tengo experiencia de realizar atención telefónica en urgencias (en el antiguo 061 de Navarra, allá comenzando los años 90 del siglo pasado). Y allí aguanté tres años. Era una situación en la que, debido a los horarios, no había consultas abiertas sino médicos de guardia localizados.

Y así, desde S.O.S. Navarra, me veía en la necesidad de empatizar con la persona al otro lado del teléfono para aclararme con lo que me intentaba explicar… Mi actuación se centraba en darle una salida, la mejor, a su situación.

En unas ocasiones pasaba por darle un consejo, tranquilizar a la persona; en otras, por la aparente consistencia de lo que oía, concertar una visita inmediata con el médico de guardia en su consultorio de referencia; en unas pocas menos, enviar al médico de guardia al domicilio del solicitante; y, en mínimas situaciones, enviar “pitando” una ambulancia para realizar un traslado urgente al hospital de referencia, coordinando con el propio hospital y, a veces, con la policía para agilizar el traslado.

En este tipo de situación, en una operativa de urgencias, cuando los centros asistenciales están cerrados, sí que veo factible la atención telefónica… aunque, ahora mismo, yo no volvería a aceptar tal puesto.

Pero trasladar este tipo de atención telefónica a la atención primaria, al templo del contacto médico/paciente… por ahí va a ser que no se debe pasar. Es inadmisible que los médicos estén tragando ese adoquín… y, además, con eructo de buen provecho. Acabo de leer en un blog cómo un colega escribe un comentario lanzando ahí una protesta escrita sobre la situación que le está tocando vivir a él y al resto de sus compañeros de primaria.

Su mensaje es entendible… pero eso, en la práctica de este sistema, no sirve. Es necesario, tristemente, dada la ceguera y sordera de los Colegios Oficiales de Médicos, que los médicos del sistema público se organicen de cara a reflejar en las instancias correspondientes (profesionales y administrativas), lo más claramente posible, la situación insostenible que están viviendo. Y si esto no es suficiente, materializar las protestas oportunas.

No podemos seguir dejando que se cometan más sinsentidos a costa de la salud de las personas. Sobre todo, llevando a la atención primaria a una saturación por una efervescente actividad rastreadora de los incontables “casos” de PCRs+, que están apareciendo como setas en primavera.

Y, mientras tanto, la población sigue atenta al parte de guerra diario, contando las “bajas” por bala enemiga (el virus)… y deslizándose el miedo a ser la próxima víctima, ciega y sorda, de esta loca situación.

Salud para ti y los tuyos.

SILVANO Y LOGO

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