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Los Laboratorios

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Laboratorio médico. FOTO: Wirestock
Los Laboratorios

Ya llevamos unas cuantas décadas en las que la actividad de los laboratorios es cada vez más importante. En un principio, el trabajo de laboratorio se generó en el ámbito particular, por ejemplo en las trastiendas de las antiguas boticas. Para no irnos hasta tiempos lejanos, la era de los alquimistas.

En la gran revolución industrial, con la aparición de las grandes empresas, el frenesí de los laboratorios fue dirigido hacia la comercialización masiva de los distintos productos. Todo ello favorecido por el desarrollo de las comunicaciones, transporte, etc.

La proliferación de las universidades y su masificación ha hecho que la mano de obra, paulatinamente, sea muy especializada y extremadamente barata. No podemos sino recordar la figura del “becario”, una especie de “chica para todo” con preparación, ganas de saber… y sueldo ínfimo.

Si nos apartamos del tema propiamente de justicia social y nos orientamos hacia el trabajo que se desarrollan en los laboratorios de todo el mundo, podemos encontrarnos con laboratorios de todo tipo, que estudian cosas de todo tipo.

En otros artículos, al mentar los orígenes de esta pandemia de Covid-19,  ya me he referido a los laboratorios de alta seguridad en los que se estudian gérmenes lesivos para el ser humano. En estos laboratorios se favorecen experimentos de cara a obtener versiones “mejoradas” de los mismos gérmenes. O sea, gérmenes más virulentos y con capacidad de generar mucho daño al ser humano.

Estos estudios tienen el nombre de “estudios de ganancia de función”. Curioso nombre, y paradójico a la vez, si lo que se obtienen de ellos no es una “ganancia” como tú y yo entendemos, sino estirpes de gérmenes construidos artificialmente y viables para enfermar al ser humano gravemente.

La posible “ganancia” está en que, tras lograr construir esos gérmenes tan virulentos, la labor de estos laboratorios de alta seguridad se destina a construir las vacunas oportunas para obtener el antídoto al mal creado previamente.

Ésta es una de las cuestiones que está detrás del origen de la pandemia por SARS-CoV-2 y que todavía no se ha aclarado científicamente.

En la historia reciente de estos laboratorios de alta seguridad a lo largo y ancho del mundo, se han publicado fallos, generalmente por errores humanos. De todo ello, repito, hay constatación publicada de casos varios de afectación por estos gérmenes tras lograr enfermar a alguno de los operarios o burlar algún filtro de seguridad.

La existencia de estos experimentos de “ganancia de función” es un debate que, actualmente, no está encima de la mesa abiertamente… y menos referido a esta última pandemia, pues tanto China como la OMS parece que no tienen ningún interés en aclararlo.

De hecho, China y la OMS hicieron un estudio conjunto sobre los orígenes de la Covid-19, concluyendo que el virus “muy probablemente se transmitió de murciélagos a humanos a través de otro animal” (sin concretar qué animal ha sido ese mecanismo transitorio).

Tampoco han ofrecido prueba alguna sobre una de las conclusiones más repetidas tanto por ellos como por los medios de comunicación. Afirman gratuitamente: “es extremadamente improbable que el virus se haya filtrado de un laboratorio”.

Por contra, hay varias personas con acceso a información aparentemente fidedigna, que indican otra versión muy diferente de los hechos.

David Asher es un ex-investigador principal del grupo de trabajo del Departamento de Estado de EE.UU. que investigó el origen de la Covid-19. Este investigador afirma lo siguiente:

  • Tres trabajadores del Instituto de Virología de Wuhan enfermaron en octubre 2019 con síntomas compatibles con Covid-19, requiriendo uno de ellos hospitalización.
  • Existe evidencia sobre una alteración sintética de la secuencia genética del SARS-Cov-2: tiene la columna vertebral de coronavirus de murciélago, un receptor de pangolín y algún transcriptor de ratón humanizado.

(Hago un inciso) No hay que olvidar que para este tipo de estudios de “ganancia de función” se utilizan ratones genéticamente transformados como si fueran humanos para poder sufrir la infección de estos gérmenes.

Los expertos de todo el mundo confirman que esta configuración tiene una probabilidad muy baja de que aparezca de forma natural.

  • El gobierno chino eliminó una base de datos públicos del Instituto de Virología de Wuhan en septiembre 2019, con más de 16.000 muestras de virus estudiados antes de la pandemia.

El Dr. Peter Daszak, al que luego me referiré, ha sido aparentemente el eje principal desde donde todo ha girado. Él ha sido el único científico que avaló que entre esas 16.000 muestras de virus no había ningún dato de importancia respecto al tema a investigar por el equipo de la OMS. Por ello, el equipo de la OMS no pidió investigar ese gran conjunto de datos previos a la pandemia.

Se sabe, por otras fuentes, que en esas muestras estudiadas por el Instituto de Virología de Wuhan  antes de la pandemia había un virus que es un 96,2% similar al virus que está detrás de la COVID-19.

Y me pregunto yo: ¿desde cuándo en Ciencia se evita o se impide estudiar algo por la opinión de un científico que, a su vez, está afectado por conflictos de intereses?

  • También intentaron eliminar información de una base de datos europea que contenía la secuenciación viral de pacientes con síntomas relacionados con Covid-19.

Las secuencias de la base de datos europea incluían adenovirus, un vector de vacunas, lo que podría indicar que el SARS-CoV-2 es parte de un programa de vacunación y compatible como parte de un programa de armas biológicas.

  • Dice textualmente: “los datos nos hicieron sentir que el Instituto de Wuhan era muy probablemente la fuente de pandemia de la Covid”.

En relación al viaje a China del equipo de investigación de la OMS, se han alzado diversas voces criticando varios aspectos del mismo.

James Metzl, ex-funcionario del Consejo de Seguridad Nacional de EE.UU. en la administración del ex-presidente Clinton y miembro de un comité asesor de la OMS sobre ingeniería genética, culpó al gobierno chino por no cooperar con el equipo de investigación de la OMS.

Dice textualmente este asesor: “Nadie en el equipo de la OMS  estaba capacitado para investigar formalmente una fuga de laboratorio.”

También forma parte de un grupo internacional que escribió una carta abierta pidiendo una investigación forense “sin restricciones” sobre los orígenes de la pandemia.

Los propios informes del laboratorio del Instituto de Virología de Wuhan hacen referencia a que enviaron investigadores de campo a cuevas de murciélagos, trayendo muestras con coronavirus (al menos 9).

Y digo yo: ¿cómo es que al equipo de la OMS, tras apoyar la hipótesis de un virus originario de murciélago, cuando dijeron que no sabían cómo había podido llegar ese virus de murciélago a Wuhan (la variante más próxima dista unos dos mil kilómetros de distancia), no se le ocurre pensar que pudo haberse traído por los propios empleados del laboratorio de alta seguridad de Wuhan?

Matt Pottinger, ex-asesor adjunto de Seguridad Nacional de la administración del ex-presidente Trump, afirma rotundamente: “China ocultó información al equipo de la OMS”. “El laboratorio del Instituto de Virología de Wuhan publicó estudios sobre manipulación de coronavirus de murciélago de manera que podría hacerlos más infecciosos para los humanos”. También afirma que hubo informes de normas de seguridad laxas en dicho laboratorio, siendo éste del más alto nivel de seguridad.

Aquí creo necesario recordar la participación del Dr. Peter Daszak en el equipo de investigación de la OMS que viajó a China y al que ya me he referido previamente. Este científico tiene graves y evidentes conflictos de interés al ser presidente de EcoHealth Alliance, una organización no gubernamental que encauzó financiación norteamericana al Instituto de Virología de Wuhan,  y también por su controvertida investigación de ganancia de función sobre la creación de coronavirus para hacerlos más infecciosos y letales.

A este respecto también se refiere el profesor de biología química de la Universidad de Rutgers, Richard H. Ebright, PhD. Ante la resistencia del Dr. Daszak a la hora de admitir su conflicto de intereses, el profesor Ebright dijo que eso es “una mentira descarada”.

Este profesor es también uno de los firmantes de esa carta abierta de científicos pidiendo una investigación exhaustiva, en toda regla, en China. Afirma que el Dr. Daszak, presidente de EcoHealth Alliance es un contratista que financia el Instituto de Virología de Wuhan, con 200 millones de dólares del Departamento de Estado de EE.UU. y con 7 millones de dólares de los Institutos Nacionales de la Salud de EE.UU.

Robert Redfield, ex-director de los Centros para el Control de las Enfermedades de EE.UU. (CDC), cree también que el virus se escapó de un laboratorio en Wuhan. Y afirma: “la teoría de la transmisión del murciélago al humano no es imposible, como también es poco probable que te caiga un rayo mientras te come un tiburón”.

Cuestiona la investigación de “ganancia de función” que se realiza en Wuhan y en miles de laboratorios de todo el planeta. Aduce que esas investigaciones tienen un valor muy limitado.

La Dra. Filippa Lentzos, una de las principales expertas mundiales en materia de bioseguridad, además de afirmar que no hay pruebas de que el virus viniera del mercado de mariscos de Wuhan, no hay ninguna regulación internacional sobre este tipo de actividades. Nadie comprueba qué están haciendo. No hay inspectores ni reguladores.

Está habiendo un movimiento entre congresistas norteamericanos solicitando respuestas a una serie de preguntas sobre la interacción de ciertos organismos de EE.UU. (haciendo referencia a los NHI, Institutos Nacionales de Salud) en investigaciones de “ganancia de función” con el Instituto de Virología de Wuhan. Todavía no hay respuestas a esas preguntas.

Salud para ti y los tuyos.

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